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¿EXISTE ALGUNA POSIBILIDAD POLITICA AL FALANGISMO? ¿EXISTE ALGUNA POSIBILIDAD DE LOGRAR LA UNIDAD FALANGISTA?

¿EXISTE ALGUNA POSIBILIDAD POLITICA AL FALANGISMO? ¿EXISTE ALGUNA POSIBILIDAD DE LOGRAR LA UNIDAD FALANGISTA?
En principio, la respuesta a esta pregunta es clara: NO. No existe ninguna posibilidad de avanzar en ninguna dirección hacia la unidad falangista. Ni una sola, por pequeña que sea… siempre y cuando nos refiramos solamente al plano político-organizativo. En ese campo, las experiencias desde los años del FES han sido elocuentes. Todas las operaciones unitarias, sin excepción, se han saldado con auténticos y rotundos fracasos: por aquí se unen dos y por allá se separan tres. Tal ha sido la crónica de 40 años de falangismo. Así pues hay que reconocer los hechos: no hay posibilidades de ver reunidos a todos los falangistas en una sola organización política. No demos, pues, más vueltas a la cuestión. Ahora bien…

¿ES EL PLANO POLÍTICO EL ÚNICO A CONSIDERAR?

Respuesta: no. Existen el plano cultural, el plano histórico, el plano convivencial. No todo es política. Y si en el plano político el mensaje de falange es tan variopinto como sus múltiples variedades, y difícilmente puede concebirse una organización con tantos matices y sensibilidades diferentes, sobre el plano cultural, en cambio, las diferentes perspectivas desde las que es posible abordar el pensamiento joseantoniano, si tienen mucho que ver con el enriquecimiento de este patrimonio.

Para una organización política no tiene mucho sentido las conmemoraciones de hechos acaecidos hace setenta años. Para un círculo cultural, en cambio, si. Una organización política no puede estar manejando eternamente –mucho menos a la velocidad con la que avanza la historia desde 1945- discursos y escritos redactados hace setenta años y que nadie se ha preocupado de actualidad, ni cuando los intentos de reactualización se han intentado, han podido llegar a buen puerto.

¿A que pueden aspirar los falangistas en 2006? Por una parte, a conocer más y mejor el pensamiento fundacional, a profundizar en la historia de la Falange desde 1933 hasta nuestros días, en extraer conclusiones, en trabajar los temas culturales que manejaban los fundadores y a crear un ambiente común en el que los que comparten este pensamiento se sientan cómodos. ¿Y la política? Es evidente que el pensamiento falangista es un “pensamiento político” y, como tal, es lógico que intente intervenir en el ruedo político… ahora bien, es demasiado evidente que en las tres últimas décadas, el pensamiento falangista ha ido perdiendo vigor y capacidad de penetración en la sociedad. Electoralmente hablando, dan la sensación de vivir una lenta extinción. Una agonía política a la que lo peor que puede ocurrir, es no percibirla, habituarse a ella, no considerarla en su justa medida: como imposibilidad de irrumpir en el plano político, algo que ya han experimentado los miembros del PCE, que a la chita callando han enterrado al partido y, en la práctica, lo han sustituido por Izquierda Unida.

EXISTE ALGUN RESQUICIO PARA ALCANZAR PROTAGONISMO POLITICO

El Punto 27 del programa falangista histórico es claro: “pactaremos muy poco”. La realidad hoy es sensiblemente diferente: “no hay nadie con quien pactar”. Nos explicamos.

Las elecciones catalanas han demostrado que, por primera vez, otros grupos políticos, aparentemente de menor entidad –MSR, por ejemplo- o de la misma entidad –AES- han conseguido presentar listas, mientras que ninguno de los grupos falangistas ha estado en condiciones de hacer otro tanto. Esto es, tan preocupante como significativo de la pérdida global de peso político del ambiente azul.

Si a esto unimos las escisiones sufridas por este ambiente desde hace 10 años, comprendemos mejor que los 1000 militantes que tenía La Falange en tiempos inmediatamente posteriores a su escisión de FE-JONS, se han convertido en menos de la mitad, divididos, además, en tres grupos (MNF, Andrino y Cantalapiedra). Con esa escasez de efectivos, ninguna de las fracciones puede aspirar a un papel dirigente en ninguna fórmula de coalición, sino como máximo al papel de secundario, mero acompañante deslucido para otras formaciones.

Ahora bien, la posibilidad política “máxima” para el movimiento falangista en este momento es constituirse como corriente dentro de un partido mayor capaz de avanzar, no ya a paso de caracol, sino con fuerza suficiente para alcanzar algún éxito. Y en este sentido, dando por sentado que se trataría de un partido de estructura democrático, el peso de esta corriente, sería el que correspondiera al número de militantes capaces de movilizar.

Pero esta sugerencia no puede lanzarse sobre el tepate sin antes expresar una duda razonable: ¿existe cultura política suficiente como para formar parte de un “partido con tendencias”? ¿no iba a producir esta fórmula graves desajustes internos, y esas escisiones angustiosas a las que nos tiene habituados el ambiente azul? ¿qué ocurriría si en un partido de este tipo, la componente azul mantuviera sus emblemas, ritos, usos, costumbres, fraseología y demás? ¿y si este sector, necesariamente limitado en número, no crece y se ve sumergido y anego completamente por otros sectores con menos lastres y más facilidad de crecimiento?

Lamentablemente, no tenemos respuesta a todas estas cuestiones e incluso nos sentimos pesimistas respecto a la posibilidad apuntada, hasta el punto de no verla viable en la práctica. Pero…

AUTONOMIA HISTORICA EN LO POLITICO, MODELO HISTORICO EN LO CULTURAL

En nuestra opinión, la constitución de una tendencia falangista dentro de un partido político patriótico, es problemática, sobre todo, porque, éste partido, necesariamente debería asumir la “autonomía histórica” como valor irrenunciable. No hay modelos históricos que inspiren nuestra acción. Eso, evidentemente, parece poco aceptable para los falangistas. Así pues no hay más remedio que apelar a una dicotomía: en el trabajo en círculos culturales, asociaciones para la memoria histórica, encuentros fraternales, etc., la autonomía histórica, huelga decirlo, no es importante. Lo semejante se reúne con lo semejante para cultivar los valores comunes.

Ahora bien, el falangista, una vez decide militar políticamente, debe comprender que no lo puede hacer con el mismo bagaje. No es que “no proceda”… es que su presencia como tal dentro de un movimiento político más amplio, tiende a generar discusiones tan habituales como inútiles: franquismo, fascismo, sindicalismo, etc, discusiones insoportables que desvían de las discusiones necesarias.

Esto crea una situación hasta cierto punto esquizofrénica, soportable solamente por aquellos falangistas que experimenten la necesidad de realizar un trabajo político fructífero. No desde luego, por aquellos otros que, simplemente, se sienten bien “entre falangistas” y experimentan un subidón al cantar el “Cara al Sol” o pasearse con camisa azul. Si se trata de los primeros, vale la pena decirles que está suficientemente demostrado que el partido falangista que mejores resultados obtuvo en las anteriores elecciones generales, quedó ya relegado a puestos secundarios en relación a DN, cuyos votos fueron pocos, pero algo superiores a los azules, en un momento en el que DN todavía experimentaba una situación cómoda y con cierto crecimiento.

Hasta las elecciones de 2004, el argumento para justificar la subsistencia de los partidos falangistas era “tienen más votos que las construcciones recientes”. Este argumento, a partir de 2004, ya no sirve. Además, desde 2004, los grupos azules han seguido experimentando esa larga agonía que las manifestaciones callejeras de Cantalapiedra, no han llevado sino a la siguiente escisión. Los falangistas deben ser los primeros en reconocerlo: la vía política autónoma ya se ha agotado para el ambiente azul.

En unas elecciones se trata de obtener resultados: no de presentarse… por el mero placer de perder, o para demostrar que se alcanzan unos pocos votos más que las otras fracciones falangistas, dentro de unos porcentajes irrisorios. No, esa vía, camaradas, ha concluido: que lo sepáis apreciar u os engañéis creándoos falsas esperanzas, es harina de otro costal. Movimientos formados hace setenta años, no tienen ninguna posibilidad de ser entendidos en 2006. Y si de lo que se trata es de realizar un maquillaje cosmético, tal como ha intentado FA, el resultado es completamente nulo.

ASI PUES: UNA CONCLUSION

En los próximos meses se aproximan recomposiciones históricas dentro de la extrema-derecha española, a la vista de cómo queden las elecciones municipales. Estas elecciones supondrán la desaparición definitiva de buena parte de los grupos de extrema-derecha. Unos se desharán ante la falta de buenos resultados, otros cesarán actividad por puro cansancio, seguramente algunos lograrán obtener resultados apreciables y será en función de ellos que se recomponga el ambiente. Entre estos, no figurará ningún grupo azul, casi diríamos, lamentablemente. Todo induce a pensar que las candidaturas que se presenten serán pocas y las que puedan obtener más allá del habitual 0’05-0’09% serán muchas menos aún.

Las municipales van a ser la hora del “último esfuerzo” por parte de los falangistas. Si después del previsible fracaso, siguen como si nada hubiera pasado y en las mismas posiciones que hoy, sin entonar el mea culpa o hacer algo tan simple como la autocrítica (no hemos sabido de ninguna autocrítica realizada por falangistas y ya va siendo hora), entonces la situación a plantear es diferente: eso implicaría que en el ambiente azul, no solamente no hay posibilidad de obtener resultados, sino ni siquiera de establecer conclusiones de los fracasos obtenidos. Y esto implicaría que no queda nada con “valor político” en este ambiente. Y si esto es así ¿para qué preocuparse más sobre el ambiente azul, si la inevitable extinción es el único fin al que pueden aspirar…?

Un consejo final: las formaciones azules deberían cesar de realizar actividad política, sondear entre ellas sobre las posibilidades de crear una “fundación” o una red de “círculos culturales” para trabajar los temas comunes, eliminando las rencillas políticas y las rivalidades entre fracciones. Si lo falangista tiene referencias históricas comunes, es a ellas a las que hay que apelar; si la práctica política les ha llevado al polifraccionamiento, es éste campo el que deben evitar. Y mucho más cuando en breve, se producirá una necesaria recomposición de todo el ambiente y, si quedan al margen, jamás volverán a coger el tren político.

Sólo queda realizar una pregunta: ¿qué falangistas van a tener el valor, la fuerza moral y la decisión para asumir la realidad, y plantear la transformación de sus grupos en círculos de estudios? Algún día, alguien tendrá que dar el paso al frente. Y tendrá toda nuestra simpatía y colaboración.

 

 

 

 

 

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3 comentarios

carlos -

Antes de crear nada, hay que saber que se quiere crear.
Internet ha abierto muchas puertas a la difusión de ideas y es algo que hay que tomar muy en serio.
En francia, el GRECCE, empezó a trabajar en los años 70. Hoy vemos un Frente Nacional que influye en la política nacional francesa, y lo mas importante, una derecha que empieza a plantearse seriamente un cambio hacia la justicia social, la identidad nacional y una nueva forma de ver europa.
En España, hoy, es impensable que el PaPo se acerque a esas posiciones. Por lo tanto debemos aprender de los demás si queremos que surga una derecha social española, que con unos claros referentes culturales heredados del falangismo auténtico inicie un verdadero asalto cultural primero y político después.
La unidad es el primer paso, ¿cómo? no lo sé. Pero se debe anteponer España a cualquier cuestión personal. Por otra parte de nada sirven viejas banderas, ni hacer girar todo el discurso en la maldades de la inmigración.

Por ejemplo, las bases ideológicas de democracia nacional(sugiero que se consulten)son más que aceptables. Si a eso le añadimos lo heredado del pensamiento falangista auténtico tenemos una base excelente para empezar un camino nuevo.

Si juntaramos los votos de todos aquellos partidos que tienen unas bases comunes (En la práctica es otra historia)y se presentara un proyecto común, en las próximas elecciones generales podríamos llevarnos una sorpresa. Hagan cuentas.

José M. -

La Fundación, se creó, se llamaba: Fundación José Antonio, pero la dirección de FE-JONS, hace unos años ya de eso, la entregó a una persona inadecuada, que solo ha hecho promoter y prometer, en cada clausura de la Univesidad de Verano de la FJA, que se harían tal y cuial cosa, mentiras tras mentiras...

Juan Carlos -

Cuando, hace un huevo de años propuse la creación de una Fundación que recogiera el legado falangista y diera a sus miembros libertad para actuar en política, fui tachado, textualmente y junto a otros camaradas, de "nazi" y de que "follábamos poco" (sic.). Fue el momento en el que fundamos "Tercera Posición" de Valencia y, de ahí, la revista "Disidencias" (la de papel, no confundir con ciertas cybermasturbaciones). Con la Falange no se va a ningún lado. Los falangistas inteligentes que conozco, o ya han hecho su particular reconversión ideológica o se han metido en rollos culturetas o andan de "ala social" del PP. De la Falange o, mejor dicho, de las Falanges no podemos esperar nada. Absolutamente nada. El hecho de que sólo el MSR y AES hayan podido armar candidaturas para las elecciones a la Generalitat, demuestra fehacientemente que los "azules" no están capacitados para hacer política. Insisto: probablemente vudú, pero no política.
Dicho de otra manera: EL FUTURO FRENTE NACIONAL (SI ES QUE UN DÍA LLEGAMOS A TENER EL CALETRE Y EL SALERO PARA LLEGAR A TANTO) INCORPORARÁ A LA FALANGE POR ARRASTRE Y/O APLASTAMIENTO.
J.C.
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