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¿QÚE HACER CON EL “SECTOR HISTÓRICO”? ¿QUÉ HACER CUANDO LO SUYO NO ES LA POLITICA, SINO EL CULTO HISTÓRICO?

¿QÚE HACER CON EL “SECTOR HISTÓRICO”? ¿QUÉ HACER CUANDO LO SUYO NO ES LA POLITICA, SINO EL CULTO HISTÓRICO?

Mirar atrás no gusta a una sociedad que tiene la obligación de pensar en el presente y de mirar al futuro. Sin embargo, es innegable que, por afinidad, por romanticismo o por interés profesional, algunos camaradas tienen una irreprimible interés hacia la “historia” y el pasado. ¿Cómo puede encajarse esto con un movimiento político basado en la “autonomía histórica”? Damos algunas ideas al resecto.

El concepto de “grupos de afinidad”

Hoy, una de las inadaptaciones mayores de los movimientos políticos de carácter “histórico” es todo lo relativo a la uniformidad, el encuadramiento en “milicias” y en una organización única. Todo eso, las escuadras, las centurias, las falanges, las formaciones paramilitares eran signos de otros tiempos cuando Fuerza Nuevas las recuperó en el último tercio de los años setenta.

Todo esto está, evidentemente, fuera de lugar. Esa organización monolítica y extremadamente activista, no volverá jamás. Hoy se tiende a organizaciones –y más que a organizaciones, a movimientos- estructuradas según “grupos de afinidad”. Un grupo de afinidad es la reunión de un grupo de personas en función de su interés preferencial. Un grupo de alpinistas es un “grupo de afinidad”, un grupo interesado preferencialmente en el culto católico es, igualmente, un “grupo de afinidad” y así sucesivamente. Un grupo de simpatizantes del movimiento patriótico, interesados por el estudio de la historia y de una determinada tradición histórica –la falangista o la consista, por ejemplo- es también un “grupo de afinidad” en la medida en que puede llevar a cabo con garantías de éxito el trabajo que le es propio –trabajo cultural, trabajo de rememoración histórica, trabajo de investigación, ciclos de conferencias, etc, etc, etc- pero no un trabajo político…

¿Cómo cristalizar un grupo de afinidad?

Existen dos formas que el interés hacia el pasado y la profundización e investigación, puedan ser llevadas a la práctica: o bien mediante la creación de círculos culturales o bien mediante la creación de fundaciones. No importa si son una o varias. Es evidente, por ejemplo, que las diferencias entre grupos falangistas –y más que entre grupos, entre sus dirigentes- son tales que imposibilitan la creación de un solo grupo de afinidad, pero es rigurosamente cierto que distintos círculos de estudios o fundaciones (algunos existen ya) podrían impulsar un trabajo en esta dirección que satisficiera el interés de militantes, simpatizantes e incluso estudiosos no vinculados a nuestro ambiente político, hacia los temas definidos en sus estatutos.

Si hasta ahora ninguno de estos círculos o fundaciones ha arraigado suficientemente en nuestro ambiente, se debe fundamentalmente a la presunción de una parte de militantes en que todavía puede realizarse trabajo político, a partir de bases históricas. De otro lado, Fundaciones como la Francisco Franco o la Función del Centenario de José Antonio parecen muy poco interesadas en la investigación y en la formación, su actividad no es constante, y parecen adormecidas y vencidas por una burocracia poco estimulante.

De lo que no cabe la menor duda es de que la función de estudio del pasado, las referencias al pasado, solo puede corresponder a organizaciones no-políticas. Quien crea otra cosa, se engaña.

Hace falta, pues, que aquellos interesados en este aspecto del trabajo, y muy en especial historiadores, den el paso al frente y empiecen a constituir este tipo de grupos y a planificar sus materias de investigación, estudio y divulgación.

Círculos, Fundaciones y Movimiento

Los círculos, las fundaciones, ejercen un trabajo cultural e histórico, no político. Sus militantes pueden considerarse miembros –o no- de un movimiento político patriótico que, aun no siendo la traducción ni la actualización de los fundamentos históricos de su objeto de estudio, al menos, no son contradictorios con él.

José Antonio y la Falange no dijo nada sobre la inmigración, la globalización o los riesgos ecológicos, hoy, un movimiento político no puede prescindir de tomas de posición sobre estos temas, como sobre muchos otros. Los “modelos históricos” tienen un problema: ¿qué decir ante estos hechos nuevos? Y lo que es peor ¿ qué decir sin salirse de la ortodoxia? Los matices son infinitos y, en buena medida, explican la fragmentación de los sectores históricos en la actualidad. A partir de ellos, resulta extremadamente complicado reconstituir un movimiento político que no albergue en su interior contradicciones insuperables.

Los círculos y las fundaciones pueden o no apoyar a un movimiento político patriótico, de la misma forma que militantes del movimiento puede participar en los trabajos de esos círculos, de la misma forma que les pueden gustar músicas, modas estéticas que nada tienen que ver con el movimiento. En una sociedad diversa como la actual, resulta imposible y es una intolerable forma de reduccionismo, canalizar todas las aspiraciones a través de una única dirección: la política va por un camino, el estudio de la historia en otra. Entender esto es fundamental.

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